
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales informó que buscará la forma de impulsar convertir el pez diablo, una de las especies invasoras de mayor impacto en los ecosistemas acuáticos del país, en una alternativa de aprovechamiento productivo mediante la elaboración de harina de pescado para alimento animal, abonos y otros subproductos.
Así lo informó la directora de Biodiversidad, Marina Hernández, durante una entrevista concedida a N Digital, en la que explicó que la institución considera que el aprovechamiento industrial de la especie puede convertirse en una herramienta para disminuir sus poblaciones y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos para las comunidades afectadas.
La funcionaria explicó que esta estrategia comenzó con un proyecto piloto desarrollado en la Laguna Saladilla, dentro del Refugio de Vida Silvestre del mismo nombre, en Monte Cristi, una iniciativa promovida por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) con una inversión de US$40,000 y ejecutada en campo por la Fundación AVSI República Dominicana, con el respaldo técnico del Ministerio de Medio Ambiente.
Además de evaluar el potencial del pez diablo como materia prima para la producción de harina de pescado, el proyecto incluyó programas de educación ambiental en centros educativos, el fortalecimiento de las capacidades de los guardaparques, mejoras en su infraestructura de trabajo y la instalación de una plataforma para el secado del pescado.
Hernández explicó que, aunque se trató de una experiencia piloto con recursos limitados, los resultados obtenidos permiten considerar la posibilidad de replicar el modelo en otras zonas del país donde la presencia del pez diablo continúa en aumento.
“El reto es identificar nuevos recursos y alianzas que permitan extender estas experiencias a otros ríos y lagunas afectados por esta especie invasora”, señaló.
Erradicarlo ya no es una opción
En ese mismo orden, la directora de Biodiversidad reconoció que el pez diablo ya se encuentra distribuido en gran parte de los cuerpos de agua de la República Dominicana, por lo que su erradicación no es una alternativa viable.
Ante este escenario, explicó que la estrategia institucional se centra en reducir sus poblaciones mediante acciones de monitoreo, control y aprovechamiento sostenible, buscando disminuir el impacto que esta especie genera sobre la fauna nativa y los ecosistemas acuáticos.
En ese sentido, recordó que el Ministerio mantiene un programa permanente de vigilancia a través de la División de Especies Exóticas Invasoras y reforzó las medidas preventivas con la emisión de la Resolución núm. 0006-2026, que prohíbe la importación de peces exóticos con potencial invasor.
Río Camú figura entre las zonas priorizadas
Sobre la situación del río Camú, en La Vega, donde N Digital documentó la creciente presencia del pez diablo y su captura por parte de pescadores, Hernández aseguró que técnicos de la Dirección de Biodiversidad ya han realizado inspecciones en la zona y mantienen comunicación con líderes comunitarios.
Asimismo, reveló que el Ministerio busca financiamiento para dotar a la comunidad de una máquina destinada a la producción de harina de pescado, iniciativa que permitiría transformar la captura de la especie en una actividad económicamente aprovechable.
“Todo ecosistema donde se identifique la presencia de una especie exótica invasora constituye una prioridad para el Ministerio”, afirmó.
Aprovechamiento con fines ambientales
Hernández destacó que distintos estudios atribuyen al pez diablo un elevado contenido de proteínas y un bajo porcentaje de grasa, características que favorecen su utilización para fines industriales.
No obstante, insistió en que el principal objetivo del Ministerio no es fomentar su consumo, sino aprovechar su captura como una herramienta complementaria para reducir sus poblaciones y mitigar los daños que ocasiona sobre las especies nativas.
Finalmente, exhortó a la ciudadanía a no introducir ni trasladar especies exóticas entre ríos, lagunas y otros cuerpos de agua, al advertir que estas representan una de las principales amenazas para la biodiversidad del país.
“La participación de las comunidades, la educación ambiental y el aprovechamiento responsable del pez diablo pueden convertirse en aliados importantes para enfrentar el impacto de esta especie invasora”, concluyó.




