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El Faro a Colón inicia su historia por iniciativa de un dominicano, y fue diseñado por un británico

Santo Domingo, Este RD.- A pesar de los cientos de turistas extranjeros y locales que visitan diariamente el impresionante Faro a Colón, pocos saben que fue el historiador dominicano Antonio del Monte y Tejada quien ideó esta obra en 1852, en homenaje al descubridor.

Tras decretarse su financiamiento panamericano en 1923, se convocó un concurso internacional de diseño que generó gran interés y atrajo 455 propuestas arquitectónicas.

Profesionales de 48 naciones distintas compitieron con más de dos mil dibujos técnicos.

Finalmente, el jurado seleccionó como ganador absoluto el boceto del arquitecto británico Joseph Lea Gleave, quien se impuso entre todas las candidaturas globales.

“Vengo todos los días a hacer ejercicios. El área es buena, aire fresco, buena vigilancia y la vista es hermosa. Pero nunca me puse a pensar quién ideó esto y ahora me entero de que quien lo diseñó fue un extranjero”, dijo Loida Chalas.

Inaugurado en 1992 para conmemorar el V Centenario de la llegada de los españoles al continente, el monumento tardó décadas en culminarse debido a profundas crisis financieras.

La colosal estructura horizontal de 240 metros fusiona una cruz latina con bloques escalonados mayas, entrelazando la fe europea con el legado indígena precolombino.

El elemento más icónico reside en sus reflectores, diseñados para proyectar un gigantesco haz de luz vertical.

Durante noches nubladas, las luminarias trazan una deslumbrante cruz sobre las nubes, alcanzando un resplandor nocturno visible a más de sesenta kilómetros de distancia sobre las aguas del Caribe.

En su mausoleo interior yacen los supuestos restos de Cristóbal Colón. Santo Domingo afirma custodiar sus auténticos huesos desde 1877, mientras España conserva otros confirmados científicamente en Sevilla. Este dilema histórico mantiene rodeado de misterio al navegante que conectó ambos mundos.

Para financiar la construcción, la escuadrilla del Vuelo Panamericano despegó en 1937. Trágicamente, tres aeronaves cayeron en Cali debido al mal tiempo. Únicamente el avión dominicano pilotado por Frank Félix Miranda, sobrevivió tras desviarse a Panamá, convirtiéndose en un verdadero símbolo histórico.

El Faro a Colón parte interna: 

El Faro a Colón parte interna: 

Misterios, luz y controversia bajo la cruz

En la cúspide del monumento descansan ciento cincuenta reflectores de enorme potencia. Diseñados para proyectar una gigantesca cruz luminosa en el cielo, su descomunal consumo de setenta kilovatios contrasta con los oscuros apagones en los barrios vecinos de Santo Domingo Este.

Debido al severo impacto en el sistema eléctrico local, la deslumbrante luminaria rara vez se enciende en la actualidad. El espacio ha tenido que redefinirse principalmente como un concurrido centro cultural y punto de encuentro comunitario para los visitantes.

Un recorrido por el arte y la historia global

El monumento rinde homenaje a la trágica expedición aérea realizada en el año 1937. Durante aquella travesía, ideada para recaudar fondos, tres de los cuatro aviones participantes cayeron de forma fatal en suelo colombiano mientras volaban en misión oficial.

Considerado por muchos el museo más impresionante del país, el hoy museo destaca por su severa mezcla de concreto, mármol, hierro y cristal. Curiosamente, recibe diariamente una multitud de turistas extranjeros, pero apenas un cinco por ciento de visitantes dominicanos.

Para el viajero promedio, la monumentalidad exterior representa el mayor atractivo del lugar. Su imponente fachada principal guarda una asombrosa semejanza con una pirámide azteca, adornada con catorce lápidas de mármol talladas con inscripciones bíblicas y filosóficas.

El cofre sagrado y las joyas de las naciones

El mausoleo interior es una obra maestra concebida por dos destacados creadores catalanes: el arquitecto Fernando Romeu y el escultor Pedro Carbonell.

Esta estructura sepulcral de mármol y bronce resulta visible incluso sin necesidad de adentrarse por completo al edificio.

Dos majestuosos leones negros de metal custodian celosamente los restos mortales atribuidos a Colón.

En el área destacan grabados en letras de oro que citan textualmente el testamento de su hijo Diego, redactado en Santo Domingo en 1523.

Las reliquias reposan dentro de un cofre negro situado justo en el centro del monumento.

La célebre pieza ostenta placas de oro con el año 1492 tallado y el escudo oficial del almirante, añadiendo aún más solemnidad al lugar.

Renacimiento institucional y conservación del patrimonio

Como centro expositivo, alberga alrededor de cincuenta salas interconectadas por el pasillo central en cruz. Dichos espacios representan a más de cuarenta naciones que han compartido vínculos históricos y culturales con el continente desde el siglo XV.

Las salas exhiben tesoros invalorables que abarcan cerámicas precolombinas, réplicas de canoas taínas y carabelas, además de variadas armas antiguas. Cada pieza ofrece una mirada profunda a las diversas culturas que forjaron la identidad americana a través del tiempo.

ASDE

En la actualidad, gracias al esfuerzo conjunto de la Alcaldía de Santo Domingo Este (ASDE) y la Gobernación provincial, el Faro a Colón experimenta una importante etapa de rescate y relanzamiento.

Este impulso renovador busca devolverle su valor patrimonial, dinamizar su oferta cultural y reafirmarlo como un icono turístico fundamental para la comunidad y sus visitantes.

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