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La República que quedó en los anuncios: así era la vida que vendían las marcas

Durante décadas, los anuncios de televisión, radio y prensa no solo intentaron convencer a los dominicanos de comprar un producto. También mostraron familias, aspiraciones, costumbres y formas de entender el éxito que hoy permiten mirar hacia atrás y reconocer cuánto ha cambiado la vida cotidiana en el país.

Antes de que las redes sociales convirtieran la publicidad en un contenido que aparece en el teléfono a cualquier hora, los comerciales tenían un escenario privilegiado: la televisión, la radio y las páginas de los periódicos. Allí, durante los años 70, 80, 90 y principios de los 2000, las marcas construyeron pequeñas escenas de la vida dominicana para vender desde alimentos y productos de higiene hasta cuentas bancarias, automóviles y bebidas.

El Archivo General de la Nación conserva parte de ese material. Su colección de comerciales televisivos reúne 50 videos de las décadas de 1970, 1980 y 1990, mientras que otra colección reúne anuncios radiales de esos mismos años.

Video tomado del Archivo General de la Nación: Diógenes A. Martínez Comerciales de televisión de los años 70, 80 y 90 50 videos (1 disco óptico).

El archivo permite encontrarse con marcas como Banco Popular Dominicano, Asociación La Nacional de Ahorros y Préstamos, Leche Rica, Jugos Victorina, Jabón Hispano, Palmolive, Chiclets Adams, Calzados Los Muchachos, Esso, Shell y la Cervecería Nacional Dominicana, entre otras.

Pero más allá de los productos anunciados, el material permite observar otra cosa: la República Dominicana que las marcas decidieron mostrarle a sus consumidores.

Una familia detrás de cada producto

En buena parte de la publicidad de décadas anteriores, el producto aparecía acompañado de una escena cotidiana. La comida podía estar relacionada con la familia; los productos de limpieza, con el hogar; y determinados bienes de consumo, con la idea de progreso y bienestar. La publicidad construía así una relación entre comprar y vivir bien.

Un alimento no era presentado únicamente como algo que se comía. Podía formar parte de una mesa familiar. Un producto de higiene no era solamente una necesidad doméstica, sino parte de la imagen de un hogar cuidado. Y los servicios financieros podían asociarse con proyectos de futuro, ahorro o vivienda.

Entre los materiales conservados por el Archivo General de la Nación aparecen anuncios de instituciones como el Banco Popular Dominicano y la Asociación La Nacional de Ahorros y Préstamos, lo que permite ampliar la mirada más allá de los productos de consumo cotidiano.

La publicidad también mostraba lo que, según las marcas, debía representar una vida estable: una familia, una casa, determinados bienes y la posibilidad de mejorar las condiciones de vida.

La mujer y el hogar

Los anuncios de productos de limpieza, alimentos, higiene y belleza ofrecen otra ventana para observar los roles que la publicidad asignaba a las mujeres.

Marcas como Palmolive y otros productos dirigidos al cuidado personal utilizaban la imagen femenina como parte de sus mensajes, mientras que la publicidad relacionada con el hogar podía colocar a la mujer en el centro de las tareas domésticas y familiares.

Más que determinar por sí sola cómo vivían las mujeres dominicanas, la publicidad permite conocer qué imagen de ellas consideraban apropiada o efectiva las marcas para vender.

Esa distinción resulta importante: un anuncio no es un retrato exacto de la sociedad, sino una representación construida para persuadir. Precisamente por eso puede ser utilizado como documento para estudiar los valores y aspiraciones que circulaban en una época.

Comerciales que se convirtieron parte de la cultura de RD - Diario Libre

La infancia también tenía sus marcas

Los niños fueron otro de los grandes protagonistas de aquella publicidad. Productos como alimentos, golosinas y calzados buscaban conectar con el público infantil y, al mismo tiempo, con los adultos responsables de la compra. En los archivos del AGN aparecen, por ejemplo, anuncios de Calzados Los Muchachos y Chiclets Adams.

En aquellos comerciales, el consumo infantil no estaba separado del mundo familiar. Los productos podían aparecer vinculados con la escuela, el juego, los amigos o momentos compartidos.

Muchos de esos anuncios terminaron sobreviviendo incluso después de que algunas marcas perdieran presencia. No necesariamente por el producto en sí, sino por las canciones, frases o escenas que quedaron asociadas a una generación.

Tener también significaba progresar

La publicidad de otras décadas también permite observar cómo se vendía la idea de éxito.Los automóviles, los servicios bancarios, los electrodomésticos y otros bienes podían representar mucho más que una compra. En determinados anuncios, adquirir un producto significaba acercarse a una vida más cómoda, moderna o próspera.

El automóvil, por ejemplo, podía ser presentado como símbolo de movilidad y progreso. El ahorro podía convertirse en una promesa de futuro. Una vivienda podía representar estabilidad familiar. Los anuncios de Esso y Shell conservados en el archivo forman parte de ese universo publicitario relacionado con el automóvil y el consumo asociado a la movilidad. En ese sentido, la publicidad no solamente respondía a los deseos de los consumidores: también ayudaba a definir cuáles eran los bienes que podían representar una vida exitosa.

Lo dominicano también se vendía

La publicidad local tenía, además, una herramienta particularmente poderosa: los elementos reconocibles de la cultura dominicana. La música, las reuniones familiares, las celebraciones, el ocio y determinadas costumbres podían convertirse en recursos para acercar una marca al público.

La Cervecería Nacional Dominicana, por ejemplo, aparece entre las empresas representadas en la colección de comerciales del AGN. Su presencia permite observar cómo las marcas relacionadas con el entretenimiento y el consumo social podían vincular sus productos con momentos compartidos.

El mensaje era sencillo: el producto no estaba aislado de la vida cotidiana. Formaba parte de ella.

De la pantalla familiar al teléfono

La gran transformación no está solamente en los productos que desaparecieron o en las marcas que cambiaron. También cambió el lugar desde donde recibimos la publicidad.

Durante décadas, un comercial televisivo podía reunir a toda una familia frente a una misma pantalla. La radio acompañaba los hogares, los vehículos y los espacios de trabajo, mientras los periódicos y revistas ofrecían otro espacio para los anuncios.

Hoy la publicidad está mucho más fragmentada. Puede aparecer en un teléfono, una red social, una plataforma de videos o una página web, y puede estar dirigida de manera distinta a cada consumidor. Las marcas ya no dependen exclusivamente de una familia ideal sentada frente al televisor. Pueden dirigirse a públicos mucho más específicos y construir mensajes diferentes para cada uno.

Una memoria que quedó en los anuncios

Los comerciales antiguos pueden verse hoy como pequeñas cápsulas de una época. No porque cada anuncio describiera exactamente cómo vivían los dominicanos, sino porque permite observar qué querían mostrar las marcas como deseable, moderno, familiar, exitoso o propiamente dominicano.

El Archivo General de la Nación conserva una parte de esa memoria publicitaria. En sus registros aparecen productos y empresas que formaron parte de la vida cotidiana de generaciones anteriores. Algunos de esos productos ya no están en los supermercados. Otros continúan existiendo, aunque con una imagen diferente. Y algunas marcas permanecen principalmente en el recuerdo de quienes crecieron con ellas.

Pero sus anuncios dejaron algo más duradero que una venta. Dejaron escenas de familias, hogares, niños, vehículos, celebraciones y aspiraciones que permiten mirar hacia atrás y preguntarse qué país se estaba construyendo, al menos en la pantalla, cada vez que comenzaba un comercial.

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