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Cuando la radio era la banda sonora de los dominicanos: programas que plasmaron su sello

Mucho antes de Spotify, YouTube y las plataformas digitales, la radio dominicana tenía la capacidad de detener el tiempo. Una canción podía convertirse en un recuerdo, una voz en compañía y un programa en una cita diaria que miles de personas esperaban frente a un aparato de radio.

“100 Canciones y un millón de recuerdos”, “De Fiesta con el Recuerdo”, “Danzones”, “De Fiesta con la Sonora Matancera”, “Un hombre, una voz y una guitarra”, “Voces Internacionales”, “México en la Mañana”, “México en la Canción”, “Pídalo hoy y escúchelo mañana”, “Tócalo tú mismo”, “Milano Complace”, “España Canta”, “Cita con el Viajero Mundial”, “Un Artista Invitado”, “Escala en Hi Fi”, “El Sonido de la Música”, “El Gran Musical”, “La Excelente Música del Mundo”, “Botando el Golpe”, “Besos y Abrazos” y “El Mismo Golpe” son algunos de los programas que forman parte de esa memoria sonora que acompañó a varias generaciones de dominicanos.

La historia de la radio de entretenimiento en República Dominicana también puede contarse a través de esos nombres. Fueron espacios que, dependiendo de la época, llevaron boleros, rancheras, danzones, música cubana, canciones románticas, música internacional, merengue y posteriormente humor, comentarios y participación de los oyentes.

En aquellos años, escuchar música no era una decisión individual como ocurre ahora. No existía la posibilidad de buscar inmediatamente una canción en internet. El público dependía de la programación de las emisoras y de la selección de los locutores. Por eso, el locutor tenía un poder que hoy resulta difícil de explicar.

Era quien decidía qué canción sonaba, quién presentaba al artista, quién recibía las llamadas de los oyentes y, en muchos casos, quién ayudaba a convertir un tema desconocido en una canción popular.

Uno de los programas que mejor representa esa época es “100 Canciones y un millón de recuerdos”. Vinculado a Radio Popular y posteriormente asociado a otras etapas de la radio, el espacio se convirtió en uno de los grandes referentes de la programación musical nocturna.

Luis Ramón de los Santos ha sido identificado como creador del programa, cuyo concepto consistía en presentar una extensa selección de canciones, especialmente vinculadas a la música romántica y popular de distintas épocas. El espacio llegó a convertirse en una tradición para quienes buscaban música durante la noche.

El propio nombre encerraba la fórmula: cien canciones podían ser suficientes para despertar un millón de recuerdos.

Pero si hubo un programa que convirtió la música del pasado en una auténtica institución radial fue “De Fiesta con el Recuerdo”, creado por Jesús Torres Tejeda.

El espacio pasó por emisoras como Radio Fiesta, La Voz del Trópico, Radio HIN, Radio Comercial y Radio Clarín. En algunas de sus etapas alcanzó una duración extraordinaria, llegando a ocupar buena parte de la programación diaria.

Su propuesta iba más allá de colocar canciones. El programa presentaba semblanzas, historias y anécdotas de intérpretes, con especial atención a figuras dominicanas y latinoamericanas. La música era acompañada por la conversación y por el conocimiento de quienes habían convertido sus colecciones discográficas en verdaderos archivos sonoros.

Era una época en la que un buen locutor podía saber quién grabó una canción, en qué año apareció, qué orquesta la acompañó y hasta cuál versión era considerada la mejor.

Dentro de ese universo aparecieron también programas especializados. “Danzones” se concentraba en la música cubana y este género que encontró una audiencia fiel en República Dominicana. “De Fiesta con la Sonora Matancera” tenía como protagonista a la legendaria agrupación cubana, mientras “Un hombre, una voz y una guitarra” llevaba al público una propuesta dominical de corte romántico.

La radio también abrió las puertas a la música internacional.

“Voces Internacionales”, transmitido por Radio Mil, formó parte de esa programación dirigida a quienes querían escuchar intérpretes y canciones procedentes de otros países. En La Voz del Trópico, mientras tanto, programas como “México en la Mañana” y “México en la Canción” acercaron a los oyentes a las rancheras y a la música mexicana.

Y había algo que hoy puede parecer sencillo, pero que entonces tenía una enorme importancia: pedir una canción.

Programas como “Pídalo hoy y escúchelo mañana” y “Tócalo tú mismo” incorporaban la participación del público y reforzaban la relación entre la emisora y sus oyentes.

La audiencia no era solamente receptora. Llamaba, solicitaba canciones, dedicaba temas y esperaba escuchar su nombre o el de una persona querida al aire.

En La Voz del Trópico también dejaron huella espacios como “Milano Complace”“España Canta”“Un Artista Invitado” y “Cita con el Viajero Mundial”, este último relacionado con la música de Daniel Santos.

La emisora se convirtió así en una de las referencias de la radio musical de aquella época y reunió a varias voces que hicieron del micrófono una profesión y una forma de relacionarse con el público.

Durante los años 70 también surgieron propuestas dirigidas hacia la música internacional. Entre ellas aparece “Escala en Hi Fi”, producido por Pedro Julio Santana hijo a través de HIJB; “El Sonido de la Música”, producido por Ricardo Luna en Radio ABC; “El Gran Musical”, producido por José Enrique Trinidad en Radio Popular, y “La Excelente Música del Mundo”, producido por René Alfonso en Radio Cristal.

Estos programas son importantes porque muestran que la radio dominicana no tenía una sola audiencia. Había espacio para los boleros, la música mexicana, los ritmos cubanos, la música romántica, los grandes intérpretes internacionales y las novedades que comenzaban a llegar desde otras partes del mundo. Y en medio de esa evolución aparece una figura imprescindible: Teo Veras.

Su trayectoria profesional comenzó a finales de los años 60 y pasó por diferentes emisoras. Su trabajo estuvo estrechamente relacionado con la modernización de la radio musical dominicana y con el desarrollo de nuevos formatos en FM.

Veras entendió que la radio podía ser algo más que una sucesión de canciones. La selección musical, la calidad del sonido, la personalidad del locutor y la manera de presentar cada tema podían construir una experiencia completamente diferente para el oyente. Ese proceso preparó el terreno para una nueva generación de programas.

Durante los años 90, la radio comenzó a cambiar nuevamente. La música seguía siendo importante, pero el entretenimiento hablado ganó espacio. El humor, las llamadas telefónicas, los comentarios sobre la vida cotidiana y los personajes comenzaron a ocupar un lugar central.

Ahí aparece “Botando el Golpe”. El programa reunió a Jochy Santos, Luisín Jiménez, Raymundo Ortiz, Irving Alberti y otros talentos, convirtiéndose en uno de los grandes fenómenos de entretenimiento radial de aquella década.

Su éxito representó un cambio de época. La audiencia ya no encendía la radio únicamente para escuchar canciones. También quería escuchar a los conductores conversar, improvisar, hacer humor y comentar lo que ocurría en el país.

La salida de Jochy Santos de Botando el Golpe dio paso posteriormente a “El Mismo Golpe”, que trasladó aquella fórmula a otra etapa de la radio.

El espacio se convirtió en una referencia de las tardes y logró que la audiencia identificara determinadas horas del día con las voces y ocurrencias de su elenco. La radio comenzaba a competir no solamente con otras emisoras, sino también con la televisión por la atención del público.

Otro programa que merece ser rescatado es “Besos y Abrazos”, conducido y producido por Raquel Vicini y José Guerrero. El espacio comenzó en 1995 por Viva FM y posteriormente pasó a 97.7 FM.

Su propuesta combinaba música, conversación y contenidos culturales, reflejando también los cambios que experimentaba la radio dominicana durante la década de los 90.

Pero quizá lo más interesante de mirar todos estos programas en conjunto es descubrir que cada uno pertenece a una época diferente.

Los primeros espacios construyeron una relación basada en la canción y la voz del locutor. Después llegaron los programas especializados, que ayudaron a conservar géneros y artistas que de otra manera podían quedar fuera de la programación. Más adelante aparecieron formatos interactivos, donde el oyente comenzó a tener mayor participación.

Finalmente, en los 90, la radio de entretenimiento se transformó en un espectáculo. Todo eso ocurrió sin internet, sin redes sociales y sin plataformas de música.

Para escuchar una canción había que esperar que el locutor la programara. Para dedicarla había que llamar. Para conocer un artista había que escucharlo en la radio. Y para volver a escuchar un tema había que esperar a que regresara a la programación.

Por eso aquellos programas terminaron formando parte de la memoria sentimental de sus oyentes.

“100 Canciones y un millón de recuerdos” no era solamente un espacio de música. “De Fiesta con el Recuerdo” tampoco era únicamente una selección de canciones antiguas. “Botando el Golpe” y “El Mismo Golpe” fueron más que programas de humor.

Cada uno representó una manera distinta de vivir la radio. Hoy una persona puede escoger una canción en segundos. Puede crear una lista con cientos de temas, escuchar un álbum completo o descubrir un artista mediante un algoritmo.

Aquella generación no tenía esa posibilidad. Y detrás de ese dial estaban las voces de los locutores, las canciones solicitadas, las dedicatorias, los jingles, los comerciales y programas que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en parte de la banda sonora de varias generaciones de dominicanos.

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