
El teatro dominicano produce hoy mucho más que décadas atrás, cuenta con más salas independientes y dispone de recursos tecnológicos que antes eran prácticamente inaccesibles, pero su crecimiento todavía tiene una deuda pendiente: salir de Santo Domingo y recuperar parte de la exigencia artística que, según el director, coreógrafo y productor Chiqui Haddad, caracterizaba al público de los años 80 y 90.
En conversación con N Digital, Haddad hizo un balance de la evolución del teatro y del espectáculo en República Dominicana y sostuvo que el sector ha experimentado una transformación importante, impulsada por la globalización, las redes sociales y el acceso inmediato a producciones internacionales.
“A partir de 2000, aquí ha evolucionado muchísimo el teatro. Antes se hacía una producción al mes, ahora hay cuatro, cinco, seis”, explicó.
Para Haddad, una de las principales diferencias está en la aparición y consolidación de numerosas salas independientes, que han permitido aumentar considerablemente la oferta teatral.
El productor entiende que esta expansión ha obligado a los artistas y productores dominicanos a mantenerse mucho más conectados con lo que ocurre fuera del país. Broadway dejó de ser la única referencia y hoy las producciones de Argentina, Madrid y otros mercados pueden ser conocidas prácticamente de inmediato a través de internet y las redes sociales.
Pero esa mayor exposición internacional también ha elevado el reto para quienes trabajan en el escenario dominicano.
Haddad considera que el teatro ha crecido en cantidad y recursos, aunque no necesariamente al mismo ritmo en términos de exigencia del público.
A su juicio, el espectador de décadas anteriores tenía una relación distinta con el espectáculo. Hoy, sostiene, las redes sociales han cambiado incluso la manera en que las personas consumen una producción.
“Yo siento que en los 80 y los 90 el público era mucho más exigente tanto en el espectáculo como en el teatro”, afirmó.
El productor puso como ejemplo la experiencia de los grandes conciertos, donde entiende que parte del público está más pendiente de grabar con su teléfono y publicar el momento en redes sociales que de vivir plenamente lo que ocurre sobre el escenario.
Para Haddad, esa transformación también ha reducido el interés por propuestas donde el contenido artístico, la interpretación y la conexión humana ocupan el centro de la experiencia.
La tecnología es otro de los grandes cambios, reconoce. Hoy una obra independiente puede contar con mejores pelucas, pantallas, iluminación, efectos y recursos escénicos que hace varias décadas eran difíciles de conseguir.
Sin embargo, el productor advierte que la tecnología también puede convertirse en una salida fácil para resolver problemas que antes obligaban a los artistas a desarrollar mayor creatividad.
“La tecnología ha quitado mucho de lo humano”, afirmó Haddad, quien se identifica con una escuela artística en la que las limitaciones obligaban a los creadores a buscar soluciones desde la imaginación y el trabajo escénico.
Su planteamiento no significa un rechazo a los avances tecnológicos. De hecho, reconoce que han elevado considerablemente las posibilidades de las producciones. Su preocupación está en que los efectos terminen sustituyendo el contenido.
Haddad puso como referencia su reciente experiencia en Broadway, donde quedó impactado por una producción sobre Michael Jackson que, según explicó, no dependía de una utilización excesiva de tecnología para provocar una respuesta contundente del público.
La experiencia reforzó su convicción de que la espectacularidad no necesariamente depende de la cantidad de pantallas, efectos o dispositivos utilizados, sino de la capacidad de una producción para generar una conexión emocional con el espectador.
En el caso dominicano, además, Haddad establece una diferencia entre el crecimiento del teatro y el retroceso que, según su percepción, ha experimentado el espectáculo musical.
Mientras el teatro cuenta cada vez con más producciones y espacios independientes, considera que el espectáculo se ha reducido y que en muchos casos se ha simplificado hasta depender de un cantante, algunos bailarines y un DJ.
Pero hay un problema que considera todavía mayor: la concentración de la actividad cultural en Santo Domingo.
Haddad entiende que República Dominicana no podrá desarrollar plenamente su industria teatral y artística mientras las oportunidades permanezcan concentradas en la capital.
“Nosotros no vamos a seguir creciendo mientras no haya una política gubernamental que descentralice las cosas”, sostuvo.
El productor recordó que décadas atrás existían circuitos de presentaciones y espacios culturales en distintas provincias. Artistas y compañías realizaban giras por todo el país y ciudades como Santiago, San Pedro de Macorís, La Romana y San Cristóbal contaban con espacios para recibir espectáculos. Ese circuito, según su diagnóstico, prácticamente desapareció.
“Antes existían muchas salas de teatro, muchas salas de espectáculo en Macorís, en Santiago, en La Romana, en San Cristóbal. Eso no existe hoy en día”, señaló.
La consecuencia, plantea, es que también se redujeron las oportunidades para los artistas y desaparecieron espacios que contribuían a formar públicos fuera de Santo Domingo.
En ese escenario, Haddad considera necesaria una política cultural que lleve el teatro, el ballet, la música y los espectáculos a las distintas comunidades del país.
No obstante, su evaluación del papel del Estado no es completamente negativa. El productor destacó las iniciativas impulsadas por el Ministerio de Cultura y, particularmente, el trabajo que atribuye al ministro Roberto Ángel Salcedo para ampliar programas de formación artística.
Haddad citó su reciente visita a Mao, donde pudo apreciar el trabajo realizado desde Bellas Artes y destacó la calidad de los jóvenes músicos que se están formando en el interior del país.
Para el productor, el talento existe; lo que falta son oportunidades para que ese talento pueda desarrollarse profesionalmente sin tener que abandonar su disciplina o trasladarse a Santo Domingo.
“Hay muchísimos aspectos en los que hemos crecido, en otros hemos decrecido”, resumió.



