
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) culmina este fin de semana una etapa clave con la proclamación de sus nuevas autoridades, enfrentando el desafío impostergable: preservar la cohesión interna, un factor determinante para retener el poder en los comicios de 2028.
Las actividades culminan este domingo a partir de las 9:00 de la mañana en el Club San Carlos, Distrito Nacional, en el acto de clausura de la XXIV Convención Nacional Ordinaria, dedicada a la memoria del fenecido dirigente Orlando Jorge Mera.
Ahí el presidente Luis Abinader asume las riendas de la organización política, acompañado por Juan Garrigó Mejía en la secretaría general, Gloria Reyes como secretaria de organización y Deligne Ascención como primer vicepresidente.
Esta directiva institucional quedó definida el pasado 9 de agosto, cuando la asamblea nacional de delegados ratificó sin contratiempos a sus representantes para el próximo cuatrienio, exhibiendo una muestra de civismo y consenso entre las dos corrientes predominantes lideradas por Luis Abinader e Hipólito Mejía.
A pesar de estos avances organizativos, la entidad, que llegó al poder por primera vez en 2020 y se reeligió en 2024, afronta el reto de gestionar una amplia baraja de aspirantes presidenciales, varios de ellos con alta aceptación en el electorado, pero con diferencias marcadas.
El mecanismo interno para definir el candidato presidencial se activará en el transcurso de 2027, visualizándose desde ya una evidente polarización entre el ministro de Turismo, David Collado, y la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía.
A esta puja se suman también el director del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa), Wellington Arnaud; la vicepresidenta de la República, Raquel Peña; el presidente del consejo directivo del Indotel, Guido Gómez Mazara; Tony Peña Guaba y Roberto Fulcar.
En este escenario, el liderazgo de Abinader adquiere un peso crítico de cara al futuro inmediato, pues sobre sus hombros recae la responsabilidad de articular un consenso equilibrado no solo entre los aspirantes presidenciales, sino también en el diseño de las futuras boletas municipales y congresuales, donde tradicionalmente se concentra el mayor flujo de aspiraciones y tensiones internas.
La complejidad de este reto se mide frente a los precedentes de los comicios pasados, donde el PRM estableció un hito histórico al imponerse de manera contundente en los tres niveles de elección, alcanzando la presidencia en primera vuelta con más del 57 % de los votos.
En el ámbito municipal, la maquinaria oficialista conquistó 140 de las 158 alcaldías del país y 201 de los 235 distritos municipales, reconfigurando por completo el mapa político local.
El dominio partidario se replicó en el plano congresual, donde la organización obtuvo 24 senadurías propias que ascendieron a 29 mediante alianzas, además de asegurar 146 de las 190 curules que conforman la Cámara de Diputados.
Con esos antecedentes cuantitativos, Abinader enfrenta el desafío político de mantener unificado al partido para intentar reeditar una victoria de esa magnitud en el horizonte electoral, frente a una oposición que luce fortalecida.

