
La historia de la música dominicana también está marcada por artistas que alcanzaron la popularidad, construyeron un legado y, en algunos casos, murieron de manera inesperada cuando sus carreras todavía estaban en desarrollo o después de haber dejado una huella imborrable.
N Digital realizó una investigación sobre algunos de estos artistas que dejaron su legado en el merengue, la bachata y el folclore, entre ellos Pepe Rosario, Tony Seval, Catarey, Juanchy Vásquez “El Galeno”, Jochy Hernández, Raffo “El Soñador”, Marino Pérez, Anita Pastor, Casandra Damirón, Julieta Otero y el compositor Luis Rivera.
Son historias distintas, atravesadas por la música, la popularidad y, en varios casos, por finales inesperados. Algunos murieron jóvenes, otros después de una larga trayectoria, pero todos forman parte de una generación que contribuyó a construir la identidad musical dominicana.
En el merengue, uno de los casos que permanece en la memoria es el de Pepe Rosario, pianista, cantante y director musical de Los Hermanos Rosario. Tenía apenas 21 años cuando murió en 1983, luego de recibir una estocada al concluir una presentación en La Romana. Para entonces, la agrupación comenzaba a consolidarse y Pepe era una de sus figuras fundamentales.

Pepe Rosario
La tragedia también alcanzó a Tony Seval, uno de los jóvenes merengueros que irrumpieron con fuerza durante el auge del género en los años 80. Con Los Gitanos popularizó canciones como “Zayda”, “Pa’ Bochincha”, “La Maleta” y “El Muerto”. Murió el 24 de octubre de 1985, a los 31 años, mientras se encontraba detenido. Las circunstancias de su muerte provocaron conmoción y todavía son objeto de distintas versiones.

Tony Seval
Otro nombre asociado a esa época es Ángel Miró Andújar, Catarey, uno de los percusionistas más reconocidos del merengue dominicano. Su talento lo llevó a trabajar con importantes orquestas y figuras de la música. Murió en 1988, a los 38 años, durante una gira en Venezuela.

Ángel Miró Andújar, Catarey
Su partida quedó además vinculada a la historia de Juan Luis Guerra y 4.40. Posteriormente, Guerra le dedicó el tema “Ángel para una tambora”, como homenaje a quien fuera uno de los percusionistas más destacados de su generación.
A la lista se suma Juanchy Vásquez “El Galeno”, una voz reconocida del merengue de los años 80 y principios de los 90. Su potente interpretación le permitió ganarse un espacio dentro de una generación dominada por grandes orquestas. Murió en Nueva York, en circunstancias que han dado lugar a distintas versiones.

Juanchy Vásquez “El Galeno”
Y si Pepe Rosario representa una carrera que apenas comenzaba, Jochy Hernández simboliza la historia de una estrella que alcanzó una enorme popularidad antes de que una enfermedad truncara su trayectoria.
“El Amiguito” murió el 30 de abril de 1994, con apenas 30 años, víctima de un cáncer cerebral que le había sido diagnosticado años antes. Para entonces había dejado éxitos como “Amor sincero”, “¿Qué te pasa?”, “Llora” y “Es mejor decir adiós”.

Jochy Hernández “El Amiguito”
La bachata también perdió a sus protagonistas
La historia no se limita al merengue. En la bachata, uno de los casos más dramáticos es el de Rafael Alcántara, Raffo “El Soñador”, una de las voces vinculadas a la bachata tradicional y al circuito de Radio Guarachita.
Raffo murió el 21 de enero de 1985, a los 41 años, después de lanzarse desde el puente Juan Pablo Duarte. Su muerte fue registrada como suicidio.

Rafael Alcántara, Raffo “El Soñador”
Su repertorio incluyó canciones como “El Soñador”, “No me hablen de ella”, “Tinieblas” y “Nostalgia Quisqueyana”, temas que forman parte de una etapa fundamental en la evolución de la bachata.
Otro nombre imprescindible es Marino Pérez, considerado una de las grandes figuras de la bachata de amargue. Su carrera alcanzó gran popularidad durante los años 70 y 80, con canciones como “Ay Mami”, “La historia de Marino” y “No la quiero ver con otro”.

Marino Pérez
Pérez murió en 1991, después de enfrentar problemas de salud. Su despedida congregó a numerosos seguidores y evidenció la dimensión de su popularidad.
El canto lírico y el folclore
La investigación también alcanza a figuras que desarrollaron su carrera fuera de los géneros populares que dominaron la radio.
Casandra Damirón, conocida como “La Soberana de la Canción”, fue cantante, bailarina y folclorista. Murió el 5 de diciembre de 1983, a los 64 años, después de padecer cáncer.

Casandra Damirón
Su trabajo fue fundamental para la difusión de las expresiones musicales y danzarias dominicanas. Su nombre trascendió su época y terminó dando identidad a los principales premios de la crónica de arte dominicana durante décadas.
Junto a Casandra estuvo don Luis Rivera, compositor, pianista, arreglista y director de orquesta, además de su esposo y compañero artístico.
Rivera fue una figura fundamental de la música dominicana y el primer ganador del Gran Soberano, entonces Premio Casandra, en 1985. Murió el 16 de septiembre de 1986, a los 85 años.

Don Luis Rivera
La pareja representa uno de los capítulos más importantes de la música y el folclore dominicanos. Casandra murió en 1983 y Luis Rivera apenas tres años después.
En el canto lírico destaca Anita Pastor, soprano dominicana de amplia trayectoria y proyección internacional. Murió el 27 de febrero de 1987, en Santiago.

Anita Pastor
Un legado que permanece
Las historias de estos artistas permiten recorrer distintas etapas de la cultura dominicana y comprobar que el patrimonio musical del país no fue construido únicamente por quienes lograron permanecer durante décadas en los escenarios.
Pepe Rosario, Tony Seval, Catarey, Juanchy Vásquez “El Galeno”, Jochy Hernández, Raffo “El Soñador”, Marino Pérez, Anita Pastor, Casandra Damirón, Julieta Otero y Luis Rivera pertenecen a generaciones y géneros diferentes, pero sus nombres tienen algo en común: sus aportes sobrevivieron a sus muertes.
Algunos partieron demasiado jóvenes; otros después de una larga carrera. Algunos murieron por enfermedades, otros en circunstancias violentas o inesperadas. Sin embargo, sus canciones, composiciones, voces y aportes al merengue, la bachata y el folclore continúan formando parte de la memoria cultural dominicana.


