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Entre orgullo y responsabilidad: los dominicanos que enseñan a bailar bachata en el exterior

Santo Domigo.- Las palabras orgullo y responsabilidad coincidieron en las respuestas ofrecidas por tres directores de escuelas de baile en el exterior, cuando se les preguntó lo que sentían por enseñar ritmos dominicanos, como la bachata a los ciudadanos de países extranjeros.

Julio Suero, de TJ Dance Studio Heidelberg, en Alemania; Daylin García, de DG Dance Academy, en Salamanca, España; y Carlos Gómez, quien da clases de baile en Arkansas, Estados Unidos, hablaron con N Digital sobre sus respectivas experiencias al llevar parte de la cultura nacional a otros países.

“Más allá de los pasos, lo esencial es transmitir alegría, despertar la pasión por nuestra cultura y regalar un pedazo de mi tierra a cada alumno”, explica Suero, quien lleva 10 años enseñando a bailar en Alemania, al tiempo que confiesa que le llena de orgullo compartir la calidez que caracteriza a los dominicanos.

Para García, su oficio en el exterior es un orgullo y a la vez una responsabilidad. “El baile y la música son parte de nuestra identidad. Aprovecho ese espacio y momento no solo para que aprendan a bailar sino para que conozcan República Dominicana”, asegura, porque según dice, no solo quiere que aprendan a bailar, sino que les abre una puerta para conocer nuestra cultura.

En el caso de Gómez, quien imparte clases junto a Susan de Beras, define esta experiencia como una mezcla de muchas cosas “Me emociona muchísimo ver a personas de otros países enamorarse de algo que forma parte de nuestra cultura, nuestra identidad”, comenta, y que  tanto él como su compañera, se sienten en la responsabilidad de hacerlo con respeto y con calidad.

Lo más difícil de enseñar a bailar a extranjeros
Pero enseñar a bailar ritmos locales como la bachata a europeos o estadounidenses, no es tarea fácil, ya que los tres coreógrafos entienden que el dominicano ha sido “bailados desde chiquito”, y traen el ritmo en su código genético.

Es por ello que para Julio Suero hacer que sus alumnos comprendan el ritmo, el movimiento de la cintura,  son las cosas más complicadas. A esto, Daylin García aporta que el europeo en general, necesita estructura en los movimientos que tiene que ejecutar. “Nosotros los dominicanos ya tenemos la música, vivimos con ella. Ellos primero aprenden a moverse y hacer pasos sin entender mucho o disfrutar la música”, confiesa.

En este aspecto, Carlos Gómez profundiza un poco más, y explica que no son los pasos la cosa más difícil, sino transmitir el contexto. Esto, porque muchas veces se aprende el movimiento, pero no se entiende por qué se mueve. “Ahí es que está el verdadero reto, enseñar que la bachata no nació en un estudio de baile, básicamente que representa una expresión popular, esa manera natural de como el dominicano se expresa. El reto es enseñar esa forma particular de vivir”, desarrolla Gómez.

A la hora de reflexionar en por qué los europeos o estadounidenses se interesan en aprender a bailar ritmos latinos y tropicales, como el merengue, la salsa o la bachata, unos entienden que es por la característica social que tiene el baile. “Como en Alemania mucha gente suele estar sola y con poco contacto social, buscan salir a experimentar y conectar a través del baile”, considera Suero, quien ve esta actividad como algo totalmente diferente a su rutina, ya que muchos trabajos son bastante monótonos, por lo que entiende que ir a una escuela de baile les alegra la semana entera y les ayuda a despejarse.

Para Gómez, el hecho de que la sociedad de Estados Unidos sea bastante individualista, provoca que muchas personas busquen algo, que sin darse cuenta, es comunidad. “Eso que nosotros, como latinos, como caribeños, tenemos. Vivimos en una época en la que estamos conectados a la tecnología, pero desconectados de nosotros”, dice, y que en cada evento, festival, que participa junto a Susan de Beras, no solo llevan la cultura a través del baile, sino también, que se crea una comunidad.

Recuerda que los ritmos afrocaribeños invitan a compartir, a mirarse, a construir relaciones, y muchas personas lo encuentran por primera vez ahí, y cuando entran a la clase o a la pista, se enamoran.

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