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Médicos describen experiencias en sismos de Venezuela

En 1999 vio cómo el deslave de Vargas sepultó comunidades enteras. Más de dos décadas después, mientras recorre hospitales y zonas afectadas por el terremoto que volvió a sacudir a Venezuela, asegura que las imágenes le devolvieron recuerdos que creyó enterrados para siempre.

“No pensé que volvería a vivir algo así”, expresó Anneliese Toledo, médico y miembro de la Federación Médica Venezolana, quien desde los primeros días de la emergencia se ha sumado a las brigadas que distribuyen medicamentos e insumos médicos entre los afectados. Aunque insiste en que se trata de tragedias distintas, admite que el sentimiento es prácticamente el mismo.

Familias recorriendo hospitales en busca de noticias, rescatistas trabajando sin descanso, voluntarios organizando ayuda y comunidades enteras tratando de levantarse entre edificios reducidos a escombros.

“Hay cuadras enteras donde los edificios desaparecieron. Buscabas un punto de referencia y ya no existía”, relató mientras recuerda los recorridos realizados por algunas de las zonas más golpeadas por los sismos.

Desde entonces, su rutina cambió por completo. Los días transcurren entre hospitales, centros de acopio y comunidades donde las necesidades se transforman conforme pasan las horas. Dijo que ninguna fotografía ni los videos que circulan en redes sociales logran transmitir la dimensión de lo ocurrido.

“Esto es mucho peor de lo que se ve. Cuando uno llega entiende realmente la magnitud de la tragedia”, sotuvo.

Durante esos recorridos, Toledo ha conocido historias que difícilmente podrá olvidar. Habla de familias enteras esperando noticias de sus desaparecidos, personas que perdieron todas sus pertenencias y niños que quedaron sin sus padres tras el colapso de edificios residenciales.

La tragedia también terminó alcanzando a su propia familia. Mientras participaba en la distribución de medicamentos recibió la noticia de que varios familiares habían fallecido. Aun así, decidió permanecer junto a los voluntarios.

“Pensé que si me detenía dejaba de ayudar a alguien que todavía podía estar con vida. Después hay tiempo para llorar”, indicó.

Mientras Toledo recorre las calles llevando asistencia, el médico Rafael Arreaza, también miembro de la Federación Médica Venezolana, participa desde Caracas en la coordinación de la respuesta sanitaria y el análisis de las necesidades que deja una emergencia cuya dimensión, asegura, aún continúa evolucionando.

Explicó que una parte importante de la destrucción se concentra en sectores del este de Caracas, como Altamira, Los Palos Grandes y Chacao, La Guaira, Vargas, donde edificios residenciales, oficinas y estructuras emblemáticas sufrieron daños severos o colapsaron completamente.

“La sede de la Corporación Andina de Fomento quedó inservible y muchas edificaciones que todavía permanecen de pie tendrán que ser demolidas por los daños estructurales”, explicó Arreaza, quien recibe reportes permanentes desde hospitales y equipos desplegados en las zonas afectadas.

Según explicó, numerosas familias continúan durmiendo al aire libre luego de perder sus viviendas. Otras permanecen en refugios improvisados sin acceso adecuado a servicios sanitarios, una situación que obliga a muchas personas a realizar sus necesidades fisiológicas en espacios abiertos y aumenta el riesgo de brotes infecciosos.

A ello se suma la acumulación de polvo, escombros y residuos que, según el especialista, favorece la aparición de enfermedades propias de este tipo de escenarios.

«Las moscas pueden convertirse en transmisoras de hepatitis A y esperamos un incremento importante de conjuntivitis por la gran cantidad de polvo que permanece suspendido en el ambiente», adviertió.

En ese sentido, Arreaza consideró que la ayuda humanitaria debe adaptarse a las necesidades actuales. Explicó que algunos insumos que fueron fundamentales durante las primeras horas ya no representan la principal prioridad.

«Ya no necesitamos más fluidoterápicos intravenosos porque esa etapa pasó. Tampoco hace falta más ropa. Tenemos montañas de ropa acumuladas cerca del puerto y del aeropuerto que todavía no terminan de clasificarse», explicó.

En cambio, consideró prioritario reforzar el envío de colirios, medicamentos básicos para tratar infecciones y alergias, productos para el control de vectores, material de curación y suministros destinados a las personas que permanecen en refugios temporales.

Asimismo, el médico también llamó la atención sobre grupos particularmente vulnerables que comienzan a hacerse visibles; adultos mayores cuyos ancianatos quedaron destruidos, pacientes psiquiátricos que fueron evacuados de centros especializados y hoy requieren seguimiento, así como familias que continúan sin un lugar donde vivir.

«Hay personas que quedaron completamente desamparadas. No solamente perdieron su casa; perdieron el lugar donde recibían atención o donde alguien podía cuidar de ellas», explicó.

hospitales a máxima capacidad

Debido a la cantidad de pacientes, los centros de salud han colapsado. Según relató Arreaza, pacientes han tenido que ser atendidos en pasillos, espacios que antes eran oficinas fueron adecuados para seguir tratando los necesitados.

“Hemos tenido que sacar escritorios, equipos de oficina y demás para seguir tratando pacientes. Los hospitales no dan abasto y las personas deben ser atendidas en tiendas de campaña”, señaló.

Asimismo, consideró que las instituciones operan con los recursos e insumos que pueden, mientras se encuentran en zonas que no cuentan con servicio eléctrico o agua potable.

respuesta institucional

Respecto a la respuesta institucional, Arreaza reconoció que las autoridades han realizado esfuerzos para enfrentar la emergencia, aunque entiende que hubo momentos en los que la llegada de determinados equipos especializados pudo haberse producido con mayor rapidez.

«Las primeras horas siempre son decisivas. Todo minuto que se gana puede significar una vida», expresó, al referirse a la incorporación de brigadas internacionales de rescate.

Pese a la devastación, tanto Toledo como Arreaza coinciden en que la mayor fortaleza que ha mostrado Venezuela durante estos días ha sido la solidaridad de su propia gente.

Vecinos que abrieron las puertas de sus casas para recibir familias desplazadas, comerciantes que preparan alimentos para rescatistas y ciudadanos que organizan centros de acopio sin esperar instrucciones forman parte de una red de apoyo que continúa creciendo.

«Lo más esperanzador ha sido la solidaridad. La gente salió a ayudar desde el primer momento, compartiendo lo poco o mucho que tenía», afirmó Arreaza.

Para Anneliese, esa solidaridad es precisamente lo que mantiene viva la esperanza entre quienes recorren cada día hospitales y comunidades devastadas.

Después de haber sobrevivido al deslave de Vargas y de volver a enfrentar otra de las mayores tragedias naturales de su país, aseguró que la reconstrucción no dependerá únicamente del concreto o de las máquinas, sino de la capacidad de los venezolanos para seguir tendiéndose la mano cuando todo parece haberse venido abajo.

Crisis sanitaria

Salud.
Pese a esto, Arreaza considera que la emergencia posee otro rostro. Si durante estos días el deber es rescatar sobrevivientes, luego el desafío consiste en evitar que la crisis sanitaria se profundice conforme miles de personas permanecen desplazadas.

“Estamos entrando en otra etapa. Ya no hablamos únicamente de personas atrapadas; ahora hablamos de prevenir enfermedades y atender a quienes lo perdieron todo”, señaló.

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