
DAJABÓN.- Inicio mi recorrido en el mercado binacional, testigo de cómo esta imponente estructura metálica ha reconfigurado la dinámica humana. Los comerciantes locales admiten, entre el bullicio, que el nuevo ordenamiento ha reducido los delitos, devolviendo el respiro a sus golpeados negocios.
En años anteriores, nadie tenía que pasar por el embudo de la aduana, migración o los controles militares. Cruzaban por cualquier recodo del río, a cualquier hora, trayendo o llevando mercancías a su antojo y sin rendirle cuentas a nadie.
“Aunque hay cosas que uno sabe que todavía no marchan bien, hay que ser honestos: ese muro ha sido una bendición para nosotros”, me confiesa Efraín con una sonrisa cargada de sarcasmo, mientras acomoda su mercancía.

Desde el barro del río Masacre hasta las torres de vigilancia militar, recorremos los frentes de la obra civil para narrar cómo se transforma la frontera dominicana entre tecnología y soberanía.
El origen de la estructura
Para entender el presente, debo revisar el origen de esta mole gris. Las excavaciones iniciales arrancaron formalmente en febrero de 2022, un hito que alteró para siempre la rutina de esta activa y tradicional provincia comercial.
El plan nació con la promesa estatal de frenar el contrabando, detener el robo de ganado y regular el flujo migratorio irregular. Desde esos primeros bloques, el paisaje plano de Dajabón comenzó a vestirse con un pesado cinturón de hormigón.
Justo al lado del sistema de bombeo del Canal La Vigía, esa pieza clave de la estrategia de seguridad hídrica que suple de agua a los agricultores dajaboneros, se encuentra estacionada una unidad blindada del Ejército, custodiada por cuatro soldados inmóviles bajo el sol.

Toda la verja en Dajabón esta militarizada y con vigilancia permanente. En algunos lugares se muestran blindados. Jorge González
Dejo atrás el polvo y el ajetreo del mercado. Tras contemplar la magnitud de la obra, me asalta una certeza absoluta: la frontera dominicana dejó de ser una línea imaginaria difuminada en la sabana para convertirse en un bastión de piedra, acero y tecnología que camina con firmeza hacia el futuro.
Muro en Manzanillo
Horas más tarde, siguiendo la ruta fronteriza hasta la localidad de Manzanillo, en Montecristi, descubro que algunas cosas siguen intactas tras tres años y medio desde mi última visita: el calor es igual de sofocante y la polvareda, igual de densa. Sin embargo, el paisaje ha cambiado.
El área exhibe ahora una imponente verja perimetral flanqueada por torres de vigilancia y custodiada por guardias en motocicletas que patrullan constantemente el terreno. Hasta donde la vista me alcanza, el muro parece completamente terminado según el trazado original.
“Gracias a Dios esta es una zona pacífica; por aquí nunca hemos tenido una entrada masiva de haitianos, pero con este muro nos sentimos mucho más seguros”, me comenta José Antonio Cabrera, un pescador local que contempla la estructura desde la costa.
“El muro ve lo que nosotros no”, me confiesa un joven soldado del Ejército mientras señala hacia el cielo. “La tecnología es el verdadero vigilante moderno. Ahora podemos monitorear desde lejos, con cámaras y drones, todo lo que ocurre en el perímetro”, agregó.

En el sector La Peñita de Restauración ya la verja muestra cierto avance, aunque el área no estaba militarizada. Jorge González
Camino bajo la sombra de las altas torres equipadas con lentes ópticos. Son kilómetros de concreto y aceros coronados por cortantes alambres de trinchera.
Levanto la mirada e intento fotografiar un dron que zumba sobre mi cabeza a cientos de metros de altura, pero se pierde en la inmensidad del cielo antes de que pueda capturarlo.
Extensión y dimensiones reales
Recorro con un equipo de El Nacional parte del tendido físico para verificar los datos sobre el terreno. La extensión real construida en esta demarcación específica alcanza los 40 kilómetros, cubriendo los puntos más sensibles y vulnerables de la porción norte.
Esta barrera no es uniforme; combina bases sólidas de hormigón armado con imponentes mallas ciclónicas de alta resistencia. Acompaño a la patrulla militar que recorre los caminos operativos laterales, diseñados exclusivamente para la vigilancia perimetral.

La construcción del muro se construye de forma estandarizada y con las mismas características de seguridad. Jorge González
El blindaje en Pueblo Nuevo y La Peñita
Dejo atrás las llanuras del municipio cabecera y me interno hacia el sur de la provincia, ascendiendo a las tierras altas de Restauración.
Aquí, las autoridades acaban de iniciar la construcción de la verja en las comunidades de Pueblo Nuevo y La Peñita, dos puntos donde la geografía montañosa hacía la frontera casi invisible.
En estos sectores, el inicio de los trabajos civiles responde a un clamor histórico contra el cuatrerismo y el contrabando que golpeaba a los productores locales.
“Por estas lomas se llevaban los animales sin control; ver las excavadoras llegar a La Peñita nos devuelve la tranquilidad”, confiesa un ganadero de la zona mientras observa el desmonte del terreno.




